Diálogo con China: más plenamente católicos y auténticamente chinos

En China hay obispos con una ilegitimidad canónica y otros a quienes les falta el reconocimiento civil: signo de la co-existencia de dos comunidades de cristianos en el país. Cuando en el espíritu del diálogo se inicia una tratativa, se la hace para tratar de resolver estos problemas concretos, para superar una coyuntura e iniciar una renovación positiva

Sergio Centofanti y P. Bernd Hagenkord, SJ – Ciudad del Vaticano

Como es sabido, según la praxis internacional, las tratativas entre los Estados tienen lugar en la confidencialidad y, normalmente, se hacen públicos sólo los resultados finales. Por ello, no se conocen las particularidades del diálogo entre la Santa Sede y las Autoridades chinas. Sin embargo, si al final habrá un entendimiento, podemos imaginar que esto permitirá a la Iglesia recomponer la unidad de la guía pastoral en las Diócesis que ven la co-presencia de dos comunidades, como proveer a las numerosas Diócesis que están desde hace tiempo sin Obispo, para que cada una de ellas tenga un Pastor admitido y reconocido por la Iglesia y por el Estado.

No se puede esperar que una operación similar sea indolora. Va a haber necesariamente malcontentos, sufrimientos, renuncias, resentimientos e incluso la posibilidad de nuevas tensiones. Pero todos esperamos que esta especie de “pasaje a través del ojo de la aguja”, al cual la Iglesia católica en China está llamada, sea purificador y anunciador de bien: no habrá vencedores o vencidos y será considerada valiosa la contribución de todos. Porque, como dice el cardenal Pietro Parolin, “aquí no se trata de hacer ‘borrón y cuenta nueva’ que ignora o casi mágicamente, anula el sufrido recorrido de tantos fieles y Pastores sino de invertir el capital humano y espiritual de tantas pruebas para construir un futuro más sereno y fraterno, con la ayuda de Dios”.

Si habrá un nuevo comienzo más fraterno e unitario de la Iglesia católica en China, siempre en el respeto de las diversas sensibilidades, esto tendrá repercusiones positivas sobre todo para la vida sacramental y espiritual de los fieles, encaminados a ser cada vez más plenamente católicos y, al mismo tiempo, auténticamente chinos.

Además, se podrán liberar nuevas energías para las actividades de la Iglesia y para una mayor armonía en la sociedad china. Pero mucho dependerá del empeño y de la buena voluntad de todos. La presencia católica en China, si es comparada con la totalidad de la población en términos puramente numéricos, parece más bien exigua, pero es siempre viva. Una renovada obra de evangelización podría traer grandes frutos, no obstante tantos límites y controles que todavía debieran permanecer, en gran parte debidos al temor de que la religión pueda ser utilizada desde el “exterior” como fomes de inseguridad social.

Si el camino de reconocimiento civil de un Obispo es una cuestión que concierne al Estado, sus leyes y sus procedimientos, el de la legitimización canónica concierne a la Iglesia. Para comprenderlo, es necesario conocer como está hecha la Iglesia… Ya San Ireneo (siglo II) definía a la Iglesia como la comunión espiritual que anuncia y transmite la Tradición que procede de los Apóstoles por sucesión ininterrumpida de los Obispos. Esta sucesión apostólica de los Obispos como garantía de la Tradición es constitutiva de la Iglesia misma. Y al mismo tiempo, es la Iglesia que garantiza la sucesión apostólica y la autenticidad del episcopado, mediante el libre nombramiento del Papa o su confirmación de la elección legítima.

Un Obispo, aun válidamente ordenado, no puede ejercer el ministerio si no en la comunión con el Sucesor de Pedro y los otros Obispos operantes en el mundo entero. Al Obispo de Roma, Vicario de Cristo y Pastor universal de la Iglesia, corresponde legitimar y readmitir en la plena comunión católica a aquellos que él juzga idóneos a esto y confiar un encargo pastoral. Por lo que respecta a China, se parte de una certeza: las nuevas consagraciones episcopales acaecidas en China sin mandato pontificio eran ilícitas pero válidas (salvo casos particularísimos). La Iglesia católica en China permaneció siempre “una” y aun con tantas dolorosas situaciones de irregularidad, nunca se ha configurado como “separada” de Roma. También porque en la Iglesia en China no se elaboró jamás una posición doctrinal de rechazo del primado de jurisdicción.

En realidad, es necesario agregar también otro dato y este es que el vivo deseo de estar en unión con el Papa ha estado siempre presente en los Obispos chinos ordenados de manera ilegítima. Sin embargo, la condición irregular de estos Obispos, el reconocimiento de su deseo de estar en unión con el Sumo Pontífice marca la diferencia entre las dos opiniones que se han enfrentado en estos últimos años: quien ha considerado sinceros a los Obispos ilegítimos ha creído en su arrepentimiento (aun no aceptando los comportamientos no adecuados de algunos), quien no los ha considerado sinceros muchas veces los ha condenado.

Precisamente por esto, como dice también el cardenal Parolin, es importante que nadie ceda perennemente “al espíritu de contraposición para condenar al hermano”, sino que en cambio “cada uno mire con confianza al futuro de la Iglesia, más allá de todo límite humano