¡Peregrinos llegar a la JMJ por la fuerza de los vientos!

Tres veleros partieron el pasado 31 de agosto de la Península de Crozon, en la Bretaña Francesa, y actualmente cruzan el Océano Atlántico para participar en la Jornada Mundial de la Juventud. Ellos planean anclar en el puerto de la Ciudad de Panamá el 15 de enero de 2019. «Nada a la vista todavía, las carabelas están navegando hace treinta y cuatro días, treinta y cuatro días durante los cuales sólo vimos cielo y agua!». Esto es lo que Cristobal Colón escribió en su diario en su primer viaje. Cerca de 500 años después, la tripulación de los tres veleros sigue la misma ruta. Ellos tomarán menos tiempo, de 12 a 21 días, pero despertar durante tantos días teniendo sólo el océano y el cielo como paisajes será una experiencia bastante intensa. Al ser acogidos por las comunidades cristianas en sus diferentes escalas de parada, la experiencia se va mostrando rica y profunda. Una vida fraterna y solidaria fue creada a bordo de los barcos. «La dinámica del grupo es positiva, todos son benevolentes», dice Anne Laurence Thoux, integrante del equipo, «Esto permitió crear una verdadera unidad, que se profundiza progresivamente con la peregrinación».
«Ellos quieren» testimoniar su fe en los cuatro rincones del mundo, ir al encuentro de personas locales, comunidades religiosas, servir a los movimientos y asociaciones que practican la caridad a través de acciones para los más desfavorecidos y … participar en los eventos de la JMJ «. Algunos, como Charles-Antoine, de 24 años, también tienen motivos ecológicos: apasionado por velar, él quiere ir a la JMJ usando un transporte no contaminante.
La mayoría de los miembros tomaron un año sabático, aprovechando que ya se graduaron para partir en peregrinación antes de empezar a trabajar. Otros hasta dejaron el trabajo para la peregrinación. Este es el caso de Henri y Aldric, para quien cruzar el Atlántico siempre ha sido un sueño. Para otros, fue el deseo de «parar y tener tiempo para pensar sobre lo que quieren hacer de sus vidas» que guió su elección. Héloïse quería partir con un grupo que tuviera un proyecto arrojado, para llegar a la JMJ habiendo pasado por una experiencia fuera de lo común. «Esto hace posible vivir la JMJ no como un viaje de vacaciones, sino como el auge de una aventura espiritual». Ella ya había experimentado eso en la JMJ de Madrid, la cual marchó a pie por los Pirineos, y lamentó no poder renovar la experiencia en la JMJ de Río.